22 de octubre de 2017

Nuevo poema en la revista Aldaba

Recientemente ha salido a la calle el nº 34 de la revista Aldaba que publica la Asociación artístico-literaria Itimad de Sevilla en la que aparece un  poema mío titulado "Quiero unas palabras que engañen al silencio". Se puede leer pinchando en el siguiente enlace.
https://drive.google.com/file/d/0B8R7mO-KurDqMWVuUTBUX3NxNmc/view?usp=sharing

3 de septiembre de 2017

Nuevo poemario de Emilio


Hace unos días mi buen amigo Emilio Calvo de Mora tuvo a bien regalarme un ejemplar de su último poemario titulado “Curso de escritura automática”. Tras su lectura, en estos versos he podido vislumbrar una vez más su forma de ver la vida, su concepción de la escritura, sus aficiones musicales, literarias y cinematográficas, nos habla de su familia y sus amigos, en definitiva, aparece Emilio en estado puro, al que conocí hace ya bastantes años y al actual.
No voy a hacer una crítica del contenido del libro, eso ya lo harán tal vez otros, yo simplemente voy a recomendar su lectura y de paso por si alguien que lea estas líneas lo tiene a bien, visite su blog “El espejo de los Sueños” www.cinepoesiajazz.blogspot.com

9 de agosto de 2017

Lectura recomendable: "Patria"

Sentado a la sombra de una palmera en medio del bullicio playero, al fin me decidí hace unos días a iniciar la lectura de la novela "Patria" de Fernando Aramburu. 
Me he resistido a esta obra como me suele ocurrir con los best seller o con aquellos libros que me recomiendan mucho, pero tengo que reconocer que una vez que me embarqué en la navegación por entre sus páginas, esta va a ser sin duda una de mis novelas favoritas y eso que aún me queda mucho para llegar al final.
Es una novela altamente recomendable al tratar un tema duro y difícil, pero con gran valentía como es la relación entre las familias de las víctimas y las de los verdugos una vez abandonadas las armas por parte de ETA y su entorno. 


28 de junio de 2017

Víspera de vacaciones

A mis compañeros del insti
deseándoles que pasen un buen verano

He apagado el ordenador después de guardar los numerosos documentos que he tenido que elaborar tras haber repartido las notas, escribir actas, memorias, informes, ...
Está terminando un curso más, en nuestras mentes y en nuestras conversaciones de profesores no dejamos de tener presente lo que nos habremos de encontrar tras el verano: nuevos alumnos -o quizá los mismos pero un poco más mayores-, nuevos compañeros junto a los de siempre y por supuesto, nuevos papeles.
Mientras tanto voy andando por la calle buscando la sombra (que el sol pica ya un poco) me resulta un tanto extraño no tener que ir esquivando a los alumnos por las aceras repletas, ni sentir sus charlas. Tampoco el policía está en el cruce para controlar el trasiego de coches y personas a la salida de clase como todos los días.
Hoy casi se puede tocar el silencio como si fuera un día de fiesta, así que me fijo un poco en la calle por la que habitualmente voy al trabajo o vuelvo a casa y solo me encuentro a gente que va a la compra, barre su puerta o charla en una esquina mientras espera que el semáforo dé paso.
Conforme avanzo por la acera me voy olvidando del insti y pienso en las vacaciones que comienzan en un par de días; y lo pienso porque sí, porque creo que ha llegado la hora del descanso y porque me lo merezco.

30 de mayo de 2017

Día de mercadillo

Al bajarme del coche veo agolpados un buen números de tenderetes multicolores de que surgen voces cada vez más cercanas de los vendedores ambulantes.
- ¡¡A tres euros niña, hoy tengo "to" a tres euros!!
- ¡¡Maríaaaa, ropa de tienda, de marca niña de marca; aprovecharse, venga a aprovecharse!!
Me adentro por una de las calles y veo numerosas manos rebuscando entre la ropa amontonada sobre los puestos alineados que forman como una especie de campamento efímero.
- ¿A qué precio me lo dejas? dice una señora mientras muestra una prenda, a modo de trofeo, extraída del montón.
- A 10 Euros, le dice el vendedor.
- ¿Qué dices? Me parece un poco carillo. Te doy 5 Euros, replica la señora.
- Pero mujer, si es casi gratis, responde de nuevo el vendedor, y tras un rato y ante la insistencia de la clienta: venga dame siete y es tuya.
Los olores de los puestos de comida impregnan a las gentes que deambulan de un puesto a otro por las calles atestadas.
Conversaciones trascendentes sobre Dios y la vida se mezclan con el anuncio a gritos de los productos de saldo que se ofrecen este domingo repitiendo su cantinela:
-¡¡Aeuroaeuroaeuroaeuroaeuroaeuroaeuro...!!
-¡¡Venga María, llévate tres camisetas por el precio de una, venga llevárselas que están "regalás"...!!
El día va pasando y mientras el sol va situándose allá en lo alto la gente va abandonando el mercadillo con el producto de sus compras metidas en bolsas de plástico de colores, al tiempo que los vendedores desmontan sus puestos y cargan su género sobrante en las furgonetas camino de sus casas.
- Hoy ha "estao" la cosa floja, comentan algunos a los que las ventas no le han sido muy propicias.
- Vaya que sí, que esta gente no se ha "rascao" hoy mucho la faltriquera.
Buscando la salida piso alguna de las bolsas vacías que cubren el suelo mientras el aire arrastra papeles ya inservibles que habían envuelto algunos de los productos vendidos.
El ruido de los coches se va alejando del campamento en el que unos y otros, creyéndose los ganadores, han librado la batalla del consumo a bajo coste y que al final parece haber quedado en tablas.

28 de mayo de 2017

Antes que llegue el olvido

Este es el título de mi poema que aparece en el nº 33 de la revista Aldaba editada por la Asociación Artístico-Literaria Itimad de Sevilla. Se puede ver aquí:
https://drive.google.com/file/d/0B8R7mO-KurDqUnlvZ19ZRHl0VGc/view?usp=sharing
Esta asociación cultural sevillana viene realizando numerosas actividades muchas de las cuales aparecen recogidas en su revista. Además se trata de una publicación abierta a otras asociaciones como Naufragio con la que mantiene una intensa relación cultural.

17 de mayo de 2017

El patio del convento

El olor a azahar que inunda la plaza cubierta levemente por el gris de una nube perdida de primavera parece querer murmurarme algo al oído.
El patio del convento reluce con el verde los naranjos, la albahaca y el romero que forman un cuadro impresionista tras la reja al pie del campanario. Y en el centro una fuente de la que manan cuatro canales hacia las esquinas del jardín.
Una pluma de cigüeña se posa suavemente en la superficie argentina del agua en la que se reflejan los arcos que bordean el patio, acogiendo en su seno los sueños de aquellos que tras las celosías escuchan el murmullo de las rosas que el aire, a ratos, zarandea mientras llega la tarde.
En un rincón umbroso el verdín de la pared pareciera un dosel que cubre el banco de piedra desde donde ahora puedo contemplar como va surgiendo un hilo violeta que se va ensanchando conforme el sol desciende sobre el horizonte.
Y mientras afuera, sobre los tejados, el sonido del aire vespertino nos trae el ruido lejano de las casas abiertas a la plaza, el silencio fluye ahora como los chorros de la fuente que dormita en medio del patio, escondiéndose tras los pilares de piedra, cuando la sombra del ciprés centenario nos marca, cual gnomon, la cercana llegada de la tarde.

23 de abril de 2017

El libro inacabado



Ha vuelto la primavera, y como otras veces, me siento en el banco que hay a la sombra de los árboles del parque cercano a mi casa.
Saco mi libro y comienzo a leer mientras oigo el ruido de los niños que juegan, a las madres que les llaman a ratos y los coches que pasan por las calles de al lado.
Un gorrión que se posa en el respaldo del banco me distrae un instante, le ahuyento y cuando remonta el vuelo me percato que a mi lado hay un libro que antes no había visto.
Lo abro y lo hojeo, es un manuscrito, lo que despierta aun más mi curiosidad, y cuando llego a la última página veo que en ella no hay nada. No obstante, leo las últimas líneas y para mi sorpresa, se me invita a continua la historia que se viene contando y luego volver a depositarlo donde lo encontré.
Me llevo el libro a casa y me pongo a escribir algo que enlace con lo que aparece en las páginas anteriores. Llega un momento en que ya no sé que más poner y decido dejarlo al día siguiente en el banco del parque.
A los pocos días de haberlo dejado allí, vuelvo para disfrutar de otra suave tarde de primavera, con la esperanza remota de encontrar el libro inacabado.
Mientras me sumerjo en la lectura siento la brisa mover las hojas de los árboles y el trinar de los pájaros, y al rato, allí está. Lo abro rápidamente por la última página deseando encontrarme de nuevo la continuación de la historia y cuando poco después lo cojo para llevármelo a casa siento la vocecilla de un niño que me dice:
- Señor, señor, se te ha caído el libro mientras dormías.

19 de marzo de 2017

Presentación de "La Piel azul"


El pasado jueves tuvo lugar en el palacio de los Condes de Santa Ana de Lucena la presentación de la novela de Alberto Díaz-Villaseñor titulada "La Piel azul". El acto estuvo organizado por la asociación cultural Naufragio y en ella además del autor intervinimos Sensi Budia (directora ejecutiva de la asociación) y yo.
A continuación se puede leer mi intervención.

Alberto Díaz-Villaseñor y yo en un momento del acto.

Hace ya bastantes años que tuve el gusto de coincidir con Alberto en su localidad natal, a donde me llevaron los avatares de mi labor docente. En los meses que estuve por allí pudimos compartir conversaciones, paseos e incluso algunas justas reivindicaciones (recuerdo aquella tarde en el Cabril donde tu pueblo luchaba por un hospital), y por supuesto, la afición a la literatura. Igualmente compartimos mesa en el I encuentro de escritores del Norte de Córdoba organizada por él.

Desde entonces he seguido su trayectoria literaria y periodística, volviendo a reencontrarnos a través de las redes sociales, y por ello tengo que decir que es para mi un orgullo presentar hoy aquí una de sus obras (espero que no sea la última), la novela “La piel azul” que me recuerda una tierra que, de su mano aprendí a valorar y conocer mejor.
Para centrarme en la obra, me vais a permitir que comience leyendo el siguiente párrafo:

“Hay que ver, pasados los años, hablándolo con los compañeros que habíamos dejado ya la mina, todos coincidíamos en un mismo recuerdo y en una misma sensación, un mismo recuerdo que se imponía sobre todos los demás: el recuerdo de nuestro mono de tela azul oscuro, y la sensación de que nunca te abandona. Todos nos lo habíamos llevado a casa cuando nos jubilaron, (…). Y todos nos contábamos que seguíamos usándolo, el mono, casi a diario. Al igual que a muchos les gusta ponerse un chándal nada más caerse de la cama, para nosotros el mono fue y siguió siendo algo más que una vestimenta. Todavía hoy, cuando te lo pones, te cubre como un vestido que se te adapta de forma impecable, más que a tu cuerpo a tu alma. Es más que un traje, es mejor que un traje caro, es tu segunda piel, y para algunos la primera y única piel. Es como una piel azul que no te la sabes despegar. Yo guardé y conservo el que Ricardo llevaba el día en que murió. También el Yunque murió con el suyo puesto, según supimos, allá lejos, muy lejos, donde acaso fue por fin feliz. Pidió que se lo pusieran y se lo pusieron”.
 
El autor con Sensi  Budia y conmigo.
Con estas palabras el autor viene a justificar sin duda el título de la novela y uno de los elementos que van a dar unidad a este grupo de personas, los mineros, que van a desarrollar una historia colectiva envueltos muchas veces en la niebla de la infelicidad, el desarraigo, el polvo negro del carbón y del miedo al futuro cuyo horizonte viene marcado por la resignación a que se ven abocados ante una prejubilación derivada de la paulatina y ya próxima decadencia de la mina.
Esta obra se desarrolla en un territorio, que aunque no se nombra, es claramente reconocible, se trata de la zona minera del Alto Guadiato, el lugar de origen del autor, pero que podemos extrapolar a cualquier otra cuenca minera de nuestro país.
La descripción del ambiente de trabajo, de los ratos de ocio en los bares, las inquietudes de los personajes que en el fondo buscan una vida mejor aparecen claramente reflejadas en estas páginas.
Estas gentes, como tantas otras de las tierras mineras, se van viendo obligadas a abandonarlas ante el vacío que supone el fin de unas formas de vida que durante mucho tiempo, incluso generaciones, les ha unido a esos espacios. El resultado muchas veces no es sino la huída o la resignación, el alcoholismo, la soledad e incluso la muerte.
Pero esta obra es también un conjunto de historias individuales entrelazadas, de unos personajes unidos por la mina y por un crimen nunca resuelto y que no se sabe muy bien porque se produce. El Abuelo, Ricardo, el Yunque, el protagonista y su esposa Charo o los Mieres son personajes solitarios que viven en un espacio opresivo traspasados por el desamor, el desarraigo y la falta de esperanza ante una vida monótona que parece no pertenecerles. Frente a ello les va a unir la amistad y la camaradería, las bromas en la taberna o en el autobús que les lleva cada día a la mina. Las aventuras y desventuras que unos y otros van a vivir les une a pesar de los avatares e incluso el misterio de unos orígenes a veces lejanos.
El idealista Ricardo, a través de sus palabras de la organización de diversas actividades lo que intenta hacer ver a sus compañeros en realidad es que la vida se puede cambiar, que uno puede decidir que camino ha de seguir, por lo que va a despertar en ellos el deseo de redimirse, de escapar de la situación en que se ve inmersos, y para ello se sumergen en la lectura, la música o la lucha contra un entorno laboral que les oprime. Las palabras de Ricardo o las tardes en la Peña les van a servir, en cierta medida como instrumentos para poder enraizar en una tierra que de otra manera les era totalmente ajena. Como muestra valga el párrafo siguiente:
“Ricardo nos contaba cosas del desierto y de las montañas del Rif de su niñez, y a la vez nos hacía apreciar las cosas nuestras.
- Si casi ninguno somos de aquí, si nuestras familias vinieron cada una de un lado, si alguna vez nos largaremos y no creo que nos importe –le decíamos.
- No, estáis equivocados –nos contestaba-. Eso es un error del que os daréis cuenta tarde, cuando busquéis un día estas chimeneas en el horizonte y no las encontréis, o los castilletes de mina, o las esquinas de vuestros juegos, o el parque. Hacedme caso.
Y claro que empezamos a hacerle caso. Desde entonces comenzamos a sentirnos un poco más de nuestro sitio. Aprendimos a apreciar cosas que casi se nos habían olvidado, que bien vistas no tenían importancia, ni mucha ni poca, porque en realidad eran como fotografías viejas sacadas de un álbum extraviado y carcomido por la humedad (…).
Ahora sí que le damos importancia a esas cosas, y en este pueblo algunos comenzamos a sentirnos más pueblo y menos gente de paso desde que Ricardo nos hizo rebelarnos contra nosotros mismos y contra nuestra inercia cómoda y fatalista” (…).

Pero al final la búsqueda de algo distinto no les va a llevar sino al fracaso de unas vidas marcadas por la mina, una mina que muere llevándose por delante las historias de estos personajes, tan reconocibles en muchos otros que hoy viven entre el recuerdo del carbón y un futuro aún por recorrer.







2 de marzo de 2017

Encuentro literario con Francisco Onieva

Hace unas semana tuvo lugar en el instituto donde trabajo un encuentro literario de Francisco Onieva con nuestros alumnos y alumnas de 4º de ESO y que tuve el placer de presentar.
El autor habló de su libro de relatos "E l extraño escritor y otras devastaciones", leyendo algunos relatos y también algunos poemas de su obra "Vértices".
El encuentro resultó muy fructífero pudiéndose entablar posteriormente un diálogo con los alumnos que plantearon diversas cuestiones relativas a los textos que previamente habían trabajado en su clase de Lengua y Literatura.
El comentario general, tanto de alumnos como de los profesores presentes en el acto fue que "había sabido a poco", de lo que doy fe.
Momento de la presentación

Desarrollo del encuentro

Es por ello que quiero dejar constancia en mi blog de su paso por nuestras aulas, lo que esperamos que se repita en el futuro.